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Más de 1.250 personas, pertenecientes a unas sesenta cofradías de toda La Rioja, recalaron ayer en la ciudad en la que fue la mayor de las peregrinaciones que ha motivado hasta la fecha el Año Jubilar Calceatense, que atraviesa el ecuador de su vigencia. Tras una primera acogida en la casa de la Cofradía del Santo, el programa religioso llevó a los visitantes hasta el monasterio cisterciense, sede de la celebración penitencial (confesión). De allí, pasaron a la catedral, donde se habían colocado cientos de sillas adicionales para acomodar a vecinos y visitantes. El vicario general de la Diócesis, Javier Velasco, presidió la eucaristía en sustitución de Juan José Omella, al que motivos familiares le impidieron asistir, como estaba previsto. Al término de la ceremonia, que fue cantada por la coral Santísima Trinidad, dio comienzo la procesión del Santo extraordinaria, adjetivo que, además de su "extemporaneidad", parecía definir la vistosidad del multitudinario cortejo. Más de una hora tardaron en salir todas las cofradías, seguidas por la imagen del Santo, y, cuando ésta pasaba junto a la plaza de la Alameda, la primera cofradía se acercaba ya a la catedral. El Casco Antiguo, cuyo recorrido se mostraba ocupado casi en su totalidad por los cofrades, retumbaba con el redoblar de cientos de tambores. "Es impresionante", comentaba uno de los cientos de vecinos apostados en las calles, que añadía que, nunca por estos lares se había visto una procesión de tamaña envergadura. "Es como Semana Santa, pero a lo bestia". Así se lo parecía a una joven. La salida de la imagen del Santo había sido recibida en la plaza por la coral calceatense, que entonó "Voces se elevan al cielo" e intercaló otras dos canciones -"Resuene" y "Paisanos"- a lo largo del recorrido. Como un 12 de mayo, pero el 25 de octubre. Fuente: larioja.es
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